Hay artículos que uno preferiría no tener que escribir.
Pero últimamente, trabajando en distintos proyectos de edificación, hay una situación que se repite con demasiada frecuencia: viviendas que se entregan como terminadas cuando, al mirar alrededor, la obra parece estar todavía en plena ejecución.
Grúas que continúan trabajando.
Andamios instalados en las fachadas.
Vallas de obra.
Cuadros eléctricos provisionales.
Zonas comunes pendientes.
Remates sin finalizar.
Operarios trabajando mientras los primeros propietarios comienzan a ocupar sus viviendas.

Y llega un momento en el que resulta inevitable hacerse una pregunta:
¿A dónde vamos a llegar en la construcción?
Una obra no debería considerarse terminada simplemente porque haya llegado la fecha prevista de entrega de las viviendas.
Finalizar una obra significa mucho más.
Significa que las instalaciones estén terminadas y comprobadas, que los trabajos ejecutados correspondan con el proyecto, que los remates estén realizados, que las zonas comunes puedan utilizarse con normalidad y que la documentación final refleje fielmente lo que realmente se ha construido.
Porque esa es precisamente la función de la documentación final de obra: recoger el resultado final de los trabajos ejecutados.
Sin embargo, cuando los plazos comerciales empiezan a imponerse sobre los plazos técnicos, se producen situaciones difíciles de justificar.
Los técnicos comenzamos a preparar documentación final mientras todavía existen instalaciones pendientes, modificaciones sin cerrar o trabajos que continúan ejecutándose.
Y, siguiendo esta tendencia, algún día tendremos que empezar a preparar la documentación final de obra antes incluso de comenzar la obra.
La frase puede parecer exagerada, pero quienes trabajamos habitualmente en construcción sabemos que la realidad empieza peligrosamente a acercarse a esa ironía.

Los plazos son importantes. La calidad también.
Todos conocemos la presión que existe actualmente en una promoción inmobiliaria.
Hay compromisos con compradores, financiación, planificación de obra, coordinación de industriales, certificaciones, licencias y multitud de condicionantes económicos.
Pero ninguna planificación debería hacernos olvidar algo elemental:
una obra necesita tiempo para ejecutarse, comprobarse y finalizarse correctamente.
La ingeniería y la dirección técnica no deberían convertirse en el último trámite administrativo necesario para cumplir una fecha.
Nuestro trabajo también consiste en verificar que aquello que aparece en los planos, proyectos, certificados y documentación final corresponde con la realidad construida.
Y para poder documentar correctamente una obra terminada, primero debería existir algo bastante evidente:
una obra realmente terminada.
Estas fotografías no pretenden señalar una promoción concreta.
Pretenden mostrar una situación que, lamentablemente, empieza a dejar de ser excepcional.
Quizá sea el momento de preguntarnos si estamos normalizando demasiado determinadas prácticas en el sector de la construcción.
Porque entregar antes no siempre significa terminar antes.
Y entre entregar una vivienda y terminar correctamente una obra existe una diferencia que, desde el punto de vista técnico, no deberíamos permitir que desaparezca.
